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Gustavo
"Juegos Olímpicos 2008" автор Gustavo, язык Испанский
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2008-08-24 - Argentina se convirtió el sábado en la campeona olímpica de fútbol de los Juegos de Pekín

Argentina se convirtió el sábado en la campeona olímpica de fútbol de los Juegos de Pekín al vencer en la final a Nigeria 1-0, vengando una derrota de los africanos en la final de 1996 y llevando a casa la segunda medalla de oro consecutiva.

Argentina, campeona en Atenas 2004, no brilló con el mismo tipo de juego que había mostrado en sus partidos anteriores, pero encontró un momento de inspiración con el delantero del club portugués Benfica Angel Di María, quien marcó a los cincuenta y ocho minutos el gol que selló el destino de la medalla dorada.

Bajo un sol despiadado de mediodía que caldeaba al imponente estadio Nido de Pájaro a treinta y dos grados centígrados, Argentina sacó a relucir su experiencia ante un combativo pero por momentos desconcentrado equipo nigeriano.

"El partido tuvo un ritmo lento, no fue lo mejor jugado en este torneo, era una final y sabíamos que el que hacía el gol tenía mucha chances de ganar," dijo el mediocampista Javier Mascherano a un canal de televisión argentino.

"También el rival cuenta, se nos hizo difícil, la final hay que ganarla y la ganamos," agregó el jugador, que fue el primer argentino que se colgó dos medallas de oro en dos Juegos Olímpicos consecutivos.

Además de volver a colgarse el oro en el pecho, Argentina se vengó de la derrota de Nigeria en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, cuando el equipo africano se quedó con el oro al ganar la final 3-2 con un gol de último momento que los sudamericanos aseguraron fue en posición adelantada.

Como espectador de lujo el sábado estuvo el astro del fútbol Diego Maradona, campeón mundial con la selección en 1986, que luego de la victoria bajó al campo para saludar a los jugadores durante la ceremonia de premiación.

"El fútbol de Argentina se llevó la medalla de oro merecida," comentó Maradona. "Valió la pena venir a los Juegos," acotó.

En Buenos Aires, algunos cientos de personas se reunieron en torno al Obelisco, un monumento ícono de la capital donde los argentinos festejan desde triunfos deportivos hasta victorias políticas, para celebrar el logro olímpico.



Fuente: Reuters América Latina


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2008-08-24 - Qinhuangdao, otra de las subsedes de los Juegos Olímpicos



Fundada por Qinshihuang, el primer emperador que logró unificar todos los territorios de China, en el año 215 a.C. durante una de sus rutas orientales, la ciudad de Qinhuangdao, una de las siete ciudades chinas que acogerán pruebas olímpicas el próximo verano, se enorgullece de ser la única urbe china cuyo nombre fue escogido por un emperador.
La leyenda cuenta que Qinshihuang mandó desembarcar a un alquimista con la creencia de que el lugar albergaba a seres inmortales que poseían el elixir de la eterna juventud. Al llegar a tierra, el súbdito marcó el lugar inscribiendo en una piedra el nombre de Qinhuangdao, que significa literalmente "isla del emperador Qin". Con el tiempo, al descender las aguas del mar y dejar al descubierto el fondo poco profundo, esta isla se conectó con el macizo continental hasta formar la actual ciudad.
A los pies de la cordillera montañosa de Yanshan y teniendo hacia el sur el mar de Bohai, la ciudad de Qinhuangdao es también un puerto natural con la característica de que, a pesar de estar en el norte de China, sus aguas no se congelan en el invierno y albergan una gran variedad de peces y mariscos.
Qinhuangdao es una ciudad situada en la provincia septentrional de Hebei, a poco más de doscientos setenta kilómetros al noreste de Pekín y que actualmente suma más de dos con ocho millones de habitantes.
Asimismo, Qinhuangdao es conocida por la playa de Beidaihe, que cuenta con famosos balnearios y centros de salud a los que acuden más de cuatro millones de turistas cada año.
La playa de Beidaihe tiene más de diez kilómetros de longitud y un área aproximada de setenta kilómetros cuadrados de arena fina. Un centenar de villas de estilo europeo y construidas en el siglo XIX perduran en esta bahía, protegidas por hermosos bosques de pinos y cipreses.
En su recorrido, Beidaihe ofrece numerosos rincones encantadores como la Roca del Tigre (Laohusi), la Roca del Camello (Luotuosi) y la Cueva al Cielo (Tongtiandong), aunque una de las mejores promociones de las belleza de Beidaihe la hizo el propio Mao Zedong con la creación del poema "La ola que limpia la arena de Beidaihe".
La playa también es un reclamo para ornitólogos de todo el mundo, puesto que en primavera la ribera se llena de aves migratorias, que aprovechan el clima agradable y la gran cantidad de alimento para hacer escala en la ciudad en su viaje a tierras norteñas.
Con más de ciento veinte hectáreas protegidas, en el parque, denominado "Nido del Pichón", se pueden observar más de cuatrocientos diez especies de pájaros en los dos períodos de migración, repartidos entre marzo y mayo y entre septiembre y principios de noviembre.
Otro de los grandes atractivos de la ciudad es la Antigua Cabeza de Dragón (Laolongtou), el punto más oriental de la Gran Muralla, que se adentra veintitrés metros en el mar de Bohai como un dragón bebiendo agua, de allí su nombre. Esta parte de la Gran Muralla fue construida durante el reinado del emperador Wanli en la dinastía Ming (1579) y es considerado el lugar dónde comienza la gigantesca construcción que cruza buena parte de China.
A sólo cinco kilómetros de Laolongtou, se erige "El Primer Paso Bajo El Cielo", la fortaleza defensiva más oriental de la Gran Muralla. Este lugar fue siempre objetivo de los estrategas militares, ya que controlaba las comunicaciones entre el norte y el nordeste de China, una localización estratégica por la que se libraron muchas guerras.
El torreón, un edificio de trece metros de altura y más de veinte de ancho y que cuenta con techos de tejas de doble alero, está edificado sobre una plataforma rectangular que salvaguarda la antigua ciudad de Shan Haiguan, de la que se conservan numerosos edificios de la época imperial.
Otro de los rincones emblemáticos de Shan Haiguan es el templo de Meng Jiangnu.. Según dicta la leyenda, en el tiempo de Qinshihuang, primer emperador de China y fundador de la ciudad, el esposo de Meng Jiangnu fue reclutado para trabajar en la construcción de la Gran Muralla.
Echando de menos a su marido, Meng Jiangnu partió en un largo viaje para verle. Cuando llegó al pie de la Gran Muralla, recibió la noticia de que su esposo había muerto trabajando y que había sido enterrado debajo de la Muralla, lo cual causó un lloro tan prolongado y sentido en la mujer que desmoronó una sección de la pared de la fortaleza. Posteriormente, la triste mujer se ahogó en el mar, y un templo fue construido para conmemorar la historia.
No obstante, Qinhuangdao es también una importante ciudad industrial. Los derivados del petróleo y el gas, el sector eléctrico y el agroalimentario (especialmente, productos del mar) son las principales industrias de la zona, ayudadas en su crecimiento por el enorme puerto de la ciudad (el cuarto de China después de Shanghai, Cantón y Tianjin) y con relaciones comerciales con más de ciento treinta países.
Aprovechando la designación de la ciudad como subsede olímpica de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, Qinhuangdao ha modernizado las infraestructuras para adaptarlas a las nuevas necesidades, con la construcción de un Parque Olímpico y de un Estadio Olímpico para albergar partidos de la competición de fútbol junto al mar.





Fuente: efe. reportajes

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2008-08-13 - Hong Kong, una de las ciudades sedes


Hong Kong, un territorio de algo más de mil cien kilómetros cuadrados devuelto por Gran Bretaña a China hace poco más de diez años, tiene el desparpajo de quien se sabe centro estratégico e intérprete de dos mundos, el chino y el occidental, y no duda en definirse a sí misma como la "ciudad global de Asia".
Vecina de la región de Cantón, montañosa, verde pero estéril, Hong Kong es, entre otras cosas, la ciudad de los iconos del celuloide Jackie Chan y Bruce Lee, un centro financiero internacional con uno de los mercados de valores más importantes de Asia o el territorio con la economía más libre del planeta.
Además disfruta de un deporte, entretenimiento o acto social estrella: las carreras de caballos de los miércoles y los sábados.
La historia de Hong Kong podría remontarse a más de seis mil años, con las primeras huellas de asentamientos humanos en sus costas, pero sólo trasciende con la llegada de los británicos, en 1840, cuando, identificada su situación geográfica como estratégica comienza a erigirse en centro comercial.
Dos guerras y la negociación de un tratado "desigual" con China (denominado así por las concesiones y prerrogativas de este país a la colonia sin reciprocidad alguna) fue la inversión que el Reino Unido tuvo que realizar para convertirse en metrópoli de Hong Kong, el "Puerto Perfumado", durante algo más de siglo y medio, hasta 1997.
Este lapso de tiempo ha sido suficientemente importante como para que Hong Kong haya asimilado los mismos sistemas jurídico y económico heredados de los británicos, vigentes a pesar de la devolución a la soberanía china hace más de una década, en lo que se ha dado a conocer con la fórmula de "un país, dos sistemas".
Las libertades de expresión, religiosa y de prensa son un hecho en la región administrativa especial, si bien el sufragio universal para elegir al jefe ejecutivo (máximo cargo político) y a la mitad del Parlamento aún se negocia con Pekín”.
Pero a los pilares coloniales británicos se les ha ido uniendo el espíritu emprendedor de los millones de chinos y otros nacionales llegados desde entonces de todas partes del mundo. De los treinta y dos mil novecientas ochenta y tres habitantes registrados en 1851, Hong Kong pasó a los ochocientos setenta y ocho mil novecientos cuarenta y siete en 1931, y a cerca de siete millones en la actualidad.
La falta de terreno edificable en una de las urbes más pobladas del mundo (seis mil trescientas cincuenta personas por kilómetro cuadrado, aunque en el distrito más hacinado se llega a las cincuenta y dos mil setenta) ha llevado a Hong Kong a ganarle sesenta y ocho kilómetros cuadrados al mar, y no precisamente para preservar el legado arquitectónico, ya que pocas son las construcciones del siglo XIX o primera mitad del XX que aún quedan en pie.
El Parlamento, las cuatro torretas de la Universidad de Hong Kong, el museo de Ciencias Médicas, el del Ferrocarril o el Tribunal de Última Instancia son algunos de los pocos ejemplos del pasado colonial que han logrado imponerse a proyectos más grandiosos y económicamente más atractivos.
En la actualidad son las grandes torres de bancos, como el de China o el HSBC; o la del Centro Financiero Internacional (la más alta de todas y cuyo acabado similar a zarpas ofrece imágenes pintorescas en días de luna llena o en otros en los que las nubes sobrevuelan bajas), las que junto a varias decenas más han redibujado el horizonte urbano de Hong Kong.
Sin embargo, la tenaz contaminación ambiental procedente de las miles de fábricas de Cantón raramente permite fotografiar nítidamente los contornos de la jungla de edificios y rascacielos de ambos lados del Puerto Victoria.
Las edificaciones de la zona de Kowloon, que hasta la inauguración del nuevo aeropuerto (1998) apenas levantaban tres plantas con el objeto de permitir el descenso y aterrizaje de aviones en plena ciudad, comienzan ahora a hacerle sombra a la rica orilla del norte de la isla de Hong Kong.
Sin embargo, ésta guarda todavía para sí el centro financiero y muchos de los puntos más turísticos de la ex colonia: playas, el Pico Victoria, clubes nocturnos, mercados al aire libre, calles repletas de escaparates y callejuelas empinadas, ruidosas, masificadas y con centenares de tortuosos escalones.
Los taxis rojos, azules o verdes, los ferries verdiblancos que conectan las principales islas del territorio y los tranvías de dos pisos, en servicio desde 1904, ofrecen junto a los numerosos templos de Hong Kong un asombroso colorido.
La ex colonia, cuyas tres partes principales son la isla de Hong Kong, la península de Kowloon y los Nuevos Territorios, sigue siendo un imán para millones de turistas procedentes de China, principalmente, y de otras partes del mundo.
Sólo en 2007 atrajo a veintiocho millones, cifra que previsiblemente se quedará pequeña este año gracias a los Juegos Olímpicos, de los que Hong Kong será coprotagonista como organizadora de las pruebas hípicas a disputarse entre el 9 y el 21 de agosto.
Al frente de este evento está el Club de Jockey, también herencia británica, toda una institución en Hong Kong y una de las mayores organizaciones de carreras de caballos del mundo.
Su papel en la consecución de las pruebas olímpicas de doma, saltos y "cross country" para Hong Kong ha sido fundamental. Además de ofrecer su experiencia e instalaciones, ha participado económicamente con un cheque de ciento cincuenta y cuatro millones de dólares para la construcción de gradas y otras instalaciones.
Las carreras de caballos no juegan, sin embargo, en la misma liga que deportes como el fútbol o el rugby, ya que su popularidad depende fundamentalmente de las apuestas, organizadas por el Club de Jockey, único operador de Hong Kong autorizado por el gobierno local para gestionarlas.





Fuente: yahoo.com.ar

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2008-08-8 - Shanghai, otra de las sedes olímpicas


En contraste con Pekín, que centraliza las decisiones políticas de China, Shanghai ha sido siempre, casi desde que nació como ciudad a mediados del siglo XIX, una especie de segunda capital, la del dinero y los negocios, cuyo carácter despierto, práctico y cosmopolita la ha llevado a encabezar la apertura del país en las últimas dos décadas.
En los Juegos, Shanghai no se quedará sin su parte en el sueño olímpico, y acogerá nueve partidos de fútbol, incluido el que decidirá la medalla de bronce de la categoría masculina.
En comparación con otras ciudades de China, cierta preparación ante grandes eventos internacionales no le falta, ya que en 2010 acogerá la primera Expo Universal celebrada en un país en desarrollo, lo que está transformando la ciudad, con nuevas redes de transporte, barrios enteros derribados, miles de familias desplazadas y cientos de empresas desmanteladas para hacer sitio a la que espera ser la Expo más concurrida de la historia.
En octubre pasado, las instalaciones deportivas de la ciudad entera, una inmensa metrópoli con cerca de veinte millones de habitantes, acogieron los más grandes Juegos Olímpicos Especiales, una iniciativa privada para favorecer la integración de las personas con discapacidad intelectual, celebrados hasta hoy.
El mismo Estadio de Shanghai, donde se celebrarán este año los partidos olímpicos, acogió entonces una ceremonia de apertura espectacular, con estrellas en el escenario, cientos de artistas en coreografías masivas y su propio encendido de la antorcha ante ochenta mil personas.
Por otra parte, la metrópoli oriental, origen de los dos principales iconos deportivos del país (el baloncestista Yao Ming y el velocista Liu Xiang), se sumó en los últimos años a varias citas anuales del deporte, como los Grandes Premios de China Fórmula Uno y Moto GP y la Copa Masters de Tenis.



La ciudad, cuyo nombre significa "junto al mar", aunque en realidad se encuentra a decenas de kilómetros del Mar de la China Oriental, era sólo un pueblo de pescadores hasta que los llamados Tratados Desiguales, tras las Guerras del Opio de mediados del siglo XIX, la convirtieron, desde 1846 hasta 1949, en una concesión colonial británica, francesa y estadounidense.
Shanghai no tardó en convertirse en uno de los principales puertos comerciales del mundo, donde se hacían y deshacían fortunas con rapidez y florecían el tráfico del opio, la corrupción, las mafias y la prostitución, hasta formar un "Chicago asiático" que pronto empezó a conocerse también como la "París del Este" o, sobre todo, como la "Perla de Oriente" e incluso la "Puta de Oriente".
"La prosperidad de Shanghai puede aumentar de manera indefinida", escribía el diario británico "The Economist" en 1931, y auguraba que "a finales de este siglo podría ser la ciudad más rica y próspera del mundo".
En su concesión francesa nació, de manera clandestina, el Partido Comunista Chino en 1921, allí comenzó su persecución por el gobierno nacionalista de Chiang Kai-shek en 1927, por allí pasó la invasión japonesa diez años después, camino de la entonces capital, Nankín, y de allí tuvieron que escapar a Taiwán muchos partidarios de Chiang antes del triunfo de la revolución comunista en 1949.
Desde entonces la ciudad pagó sus excesos del pasado y su fama de lugar de perdición con una decadencia de varias décadas, aunque fue en Shanghai donde Mao Zedong, tras perder la confianza del partido comunista por su desastre del Gran Salto Adelante (que causó hambrunas y cerca de treinta millones de muertos entre 1958 y 1963), se apoyó en sus partidarios locales para iniciar en 1965 una campaña para recuperar su influencia, que dio lugar a la Revolución Cultural (1966-1976).
En 1990 Shanghai abrió al capitalismo su inmenso distrito rural de Pudong, cuya zona económica especial atrajo a miles de empresas extranjeras, y dio lugar en sólo dieciocho años al barrio ultramoderno de Lujiazui, con cerca de trescientos rascacielos de última generación, y a importantes parques industriales y de alta tecnología.
Toda esta historia ha conformado, en apenas dos siglos, la ciudad más abierta de China al mundo, con calles llenas de contrastes para el visitante, que encontrará cada vez menos barrios casi centenarios (los llamados "longtang" en dialecto shanghainés) y más edificios modernos de por lo  menos treinta plantas, entre ellos más de cuatro mil con categoría de rascacielos, a menudo en una combinación abrupta y constantemente cambiante de tradición local y modernidad.
Lo primero que uno debe hacer en Shanghai es conocer el Bund, el antiguo malecón británico reconvertido en un turístico paseo fluvial (llamado en chino "Waitan", la orilla de los extranjeros), repleto de edificios coloniales al oeste del río Huangpu, y admirar desde allí la espectacular colección de rascacielos de arquitectura futurista que se alzan al otro lado del meandro.
Entre ellos están varios de los más altos del mundo, como la torre Jin Mao con ochenta y ocho pisos y cuatrocientos dos  metros con cincuenta centímetros de alto; el Centro Internacional de Negocios Shanghai Hills con ciento un pisos y cuatrocientos noventa y dos metros, que se inaugurará esta primavera; y la torre de televisión Perla de Oriente de cuatrocientos sesenta y ocho metros; las tres en Lujiazui y con un mirador en lo más alto que permite comprobar cómo Shanghai se extiende hasta el infinito.
La ciudad tiene además atractivos para descubrir durante días: desde los jardines clásicos de Yu Yuan, con reputación de estar entre los más bellos de China, rodeados de bazares con la estética urbana del este del país, loz muros blancos con tejados tradicionales de pizarra; hasta el Museo de Shanghai, con la mayor colección nacional de arte chino, en plena Plaza del Pueblo, un enorme pulmón con jardines en pleno centro, construido donde hasta los cincuenta estuvo el antiguo hipódromo británico.
Tampoco faltan los templos de interés, como el del Buda de Jade o el de Longhua, sitios históricos como la casa donde se fundó el PCCh, en la actual zona de copas de Xintiandi (el "Nuevo Cielo en la Tierra"), ni pueblos en las inmediaciones de gran belleza, aunque saturados de turistas, como la "Venecia oriental" de Zhouzhuang, en la vecina provincia de Jiangsu.
Con el primer puerto del mundo por volumen de carga y su posición dominante en el delta del Yangtsé, la zona más desarrollada, dinámica y atractiva para la inversión extranjera del país, la Shanghai que participará en estos Juegos Olímpicos sigue teniendo parte de esa fascinación que provocaba en su época dorada.










Fuente: efe. reportajes

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2008-08-8 - Pekín, una sede muy moderna



Pekín, la ciudad que acogerá los Juegos Olímpicos este año, es una urbe con contrastes entre modernidad e historia,
A primera vista puede parecer una ciudad desenfrenada, con atascos monumentales y grandes muchedumbres en los transportes colectivos. Pero sus callejuelas tradicionales, los hutong, rebosan paz y tranquilidad: en ellos el tiempo se detuvo hace décadas.
Siempre se consideró a la ciudad como una urbe tradicional y celosa de su historia milenaria, con monumentos, templos y barrios antiguos. Pero en los últimos años, especialmente al ser designada sede de los Juegos Olímpicos, se ha embarcado en un proceso de modernización que ha inundado la ciudad de las arquitecturas más vanguardistas del mundo, incluyendo rascacielos y estadios.

Un Pekín HISTÓRICO

Cada día más enclaustrado por los barrios de oficinas y residenciales, el antiguo Pekín, que rememora su pasado imperial, aguanta como puede los cambios que han traído las Olimpiadas y la especulación inmobiliaria. En el Pekín antiguo, tres monumentos son de visita obligada para el viajero, pese a que estén abarrotados de turistas: la Ciudad Prohibida, el Templo del Cielo y el Palacio de Verano.
El primero, palacio de los emperadores durante las dinastías Ming y Qing (desde principios del siglo XV hasta los inicios del XX), se encuentra en el centro de la ciudad, impasible al paso de años y revoluciones. Sus tejados dorados, que pueden contemplarse en todo su esplendor desde la Colina del Carbón (al norte), son el símbolo del poder que los emperadores chinos concentraron hasta 1911.
Construido entre 1406 y 1420 por orden del emperador Yongle, el inmenso recinto, de stecientos veinte mil metros cuadrados, es una combinación geométrica y cuadriculada de salones, patios, muros rojos y puertas de remaches dorados. De sus 9.999 habitaciones y sus decenas de patios, quizá lo más destacado es el gran recinto central, el Salón de la Armonía Suprema (Taihedian), cuyos adoquines y puentes evocan la oscarizada película "El Último Emperador", primera de Hollywood que pudo filmar el otrora prohibido y sagrado lugar.
Algo más al sur, después de cruzar la severa y gris plaza de Tiananmen (alma del simbolismo comunista), hacerse la foto de turno frente al célebre retrato de Mao y visitar su cuerpo embalsamado en el centro de la plaza, se encuentra el Templo del Cielo, uno de los parques más agradables de Pekín.
En el centro del parque se encuentra el Salón para Rezar por las Buenas Cosechas, donde los emperadores, tras ayunar, pedían a los dioses que fueran generosos con los campos de trigo y arroz del imperio. El edificio, de planta circular y tejados de intenso color azul, es otro gran símbolo de la capital china. Cerca de allí se encuentra el altar de mármol donde el emperador pedía un clima favorable a los dioses, y el llamado "Muro del Eco", donde se dice que una persona, en un extremo de la pared, puede oír los susurros de otra que se encuentre en el otro extremo.
El Palacio de Verano, en el noroeste de la ciudad, completa el trío de monumentos imperiales. Su estilo es diferente al de los dos anteriores, ya que es muy posterior, del siglo XIX. La residencia estival de los emperadores, mandada construir por la emperatriz viuda Cixi, es ahora un gran parque de dos con dos kilómetros cuadrados con un estanque surcado de bellos puentes y una pequeña isla en su centro.
Arquitecturas tradicionales en forma de templos, pabellones y salones imperiales se suceden en el lugar, que tiene detalles barrocos y occidentales propios de aquella época, los últimos años del imperio. Mención especial precisa el Gran Corredor, un espectacular pasillo de setecientos metros decorado con más de catorce mil pinturas tradicionales.
El vistazo al Pekín tradicional no quedaría completo sin una escapada a las afueras septentrionales, donde serpentea la Gran Muralla. El tramo de Badaling, construido en la dinastía Ming (1368-1644), es el más visitado, al ser el más cercano, pero las vistas más espectaculares están algo más lejos, en Mutianyu y Simatai.



La Gran Muralla






Un Pekín MODERNO
Junto a ese Pekín milenario, y el neoclásico... Se ve al llegar al aeropuerto pequinés,  la moderna Tercera Terminal, diseñada por Norman Foster. Con forma de dragón de alas extendidas, techos de un rojo intenso e inmensos pasillos y cristales.
La vanguardia arquitectónica continúa en el norte de la ciudad, donde se encuentra la Ciudad Olímpica y la mayoría de los estadios para los Juegos Olimpicos del 2008. El que primero llama la atención es el Estadio Nacional, más conocido como "El Nido de Pájaros" y obra del estudio suizo Herzog & De Meuron. Una trama de tiras de acero que está llamada a convertirse en una estructura familiar para todo el mundo, una especie de Museo Guggenheim pequinés. En su interior los atletas de todo el mundo se disputarán las más preciadas medallas de los Juegos.
A su lado, también espectacular, se alza el Centro Nacional de Deportes Acuáticos, para las pruebas olímpicas de natación, y con otro mote que lo describe perfectamente: "El Cubo de Agua". El edificio, de la firma australiana PTW, es un gran prisma "azul piscina", con unas sorprendentes paredes esponjosas como burbujas, fabricadas con una sustancia plástica denomida "etileno tetrafluoroetileno".
Al sureste de la ciudad, en el llamado Distrito Financiero Central, se encuentra otro
foco de arquitecturas atrevidas para el tercer milenio. La más espectacular de todas es la futura sede de la televisión estatal CCTV, concebida por el holandés Rem Koolhaas. Una estructura formada por dos rascacielos oblicuos que se unen en lo más alto formando una gigantesca puerta retorcida.
Para completar la colección de edificios de último diseño vanguardista, hay que retornar al centro de la ciudad, junto a la Ciudad Prohibida y la Plaza de Tiananmen. Allí, como en desafío a las formas tradicionales de la zona, se encuentra el Gran Teatro Nacional, del francés Paul Andreu, edificio al que también le ha caído ya apodo: "El Huevo". Se trata de un gran domo ovoidal y acristalado, rodeado de un estanque, que acogerá en los próximos años a las principales óperas y orquestas del mundo.





Fuente: efe. reportajes

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2008-08-7 - Shenyang, sede olímpica



Con un pasado imperial y un presente industrial.
Designada subsede de los Juegos de Pekín 2008, cita en cuyo nuevo estadio olímpico acogerá doce partidos de fútbol, Shenyang, la ciudad más importante del noreste de China, cuenta con un pasado imperial, ya que fue capital manchú en el siglo XVII, si bien su motor actual es su poderoso entramado industrial, conocido a escala mundial.
Designada subsede de los Juegos de Pekín 2008, cita en cuyo nuevo estadio olímpico acogerá doce partidos de fútbol, Shenyang, la ciudad más importante del noreste de China, cuenta con un pasado imperial, ya que fue capital manchú en el siglo XVII, si bien su motor actual es su poderoso entramado industrial, conocido a escala mundial.
Situada a unos seiscientos cincuenta kilómetros al noreste de Pekín, Shenyang es una metrópolis de siete con cuatro millones de habitantes, que recuerda a la capital china por sus amplias avenidas, intenso tráfico y hallarse en plena expansión y modernización, planes de los que dan fe el mar de grúas y edificios en construcción en los que se encuentra sumergida la ciudad.
Capital de la provincia de Liaoning, Shenyang es, además de uno de los centros industriales y nudo de comunicaciones más importantes de China y el eje económico, comercial y cultural del noreste del país, favorecida por su estratégica localización, próxima a Corea del Norte y del Sur, Rusia, Mongolia e incluso Japón.
El presente y futuro a corto plazo de la ciudad gira en torno a su tejido industrial, no sólo relevante, sino también muy amplio, en el que están representados sectores como, entre otros, el automovilístico, petroquímico, aeronáutico, metalúrgico, textil, electrónico, farmacéutico, del carbón, acero y hierro, cementero y de la maquinaria pesada y cuyos productos se venden en todo el mundo.
Así, multitud de empresas nacionales e internacionales se han establecido en Shenyang, que ha sabido recuperarse del período de ralentización y cierto declive industrial sufrido en la década de los setenta y ha desarrollado en los últimos tiempos una destacada red universitaria para surtir de personal cualificado a estas firmas.




También es denominada  SHEN, MUKDEN
Su importancia empresarial ha originado que Shenyang albergue anualmente numerosas convenciones, congresos y ferias, como la Expo Internacional de Horticultura que acogió entre mayo y octubre de 2006, si bien uno de los principales motivos que llevaron a la ciudad a organizar este evento aquel entonces fue tratar de desprenderse de uno de los estigmas que arrastra, la contaminación que padece, la otra cara de la moneda de su pujanza industrial y contra la que las autoridades locales luchan para poner freno.
Evidentemente, el panorama y características que presenta la Shenyang actual, llamada también Shen, Mukden y Fengtianfu, entre otros nombres a lo largo de su historia, distan mucho de los de épocas pasadas.
Los primeros datos fehacientes sobre la ciudad, que a finales del siglo XIX y principios del XX estuvo bajo dominio ruso y japonés, datan de hace dos mil trescientos años y ya en el siglo XI se había erigido en un importante punto de encuentro comercial mongol.
En 1625 se convirtió en la capital del imperio manchú, si bien al fundarse la dinastía Qing (1644-1911) y tras la conquista de Pekín, quedó relegada a la condición de subcapital.
Es a esa sociedad a la que Shenyang debe su legado cultural y artístico y atractivos turísticos más importantes, que se reparten por la ciudad junto a y en contraste con las modernas construcciones actuales y cuyos máximos representantes son el Palacio Imperial y los mausoleos Zhao y Fu, a los que la UNESCO declaró en 2004 Patrimonio de la Humanidad.
El Palacio Imperial, ubicado en el centro de Shenyang, comenzó a construirse en 1625 por orden del líder manchú Nurhachi y se concluyó once años después y está considerado el segundo complejo de arquitectura imperial más importante y mejor conservado de China después de la Ciudad Prohibida de Pekín, aunque sus dimensiones son inferiores.
Abarca una superficie de sesenta mil metros cuadrados en los que se reparten un centenar de edificios divididos en tres zonas: la este (la más antigua), la central y la oeste.
El área este está compuesto por un gran patio que pretende recordar la disposición de las tiendas de los nómadas, a cuyos lados se extienden diez edificios y que está presidido por el Salón Dazheng, de planta hexagonal y lugar ceremonial.
En la central, donde el emperador residía junto a sus concubinas, destaca la Torre Fénix, lugar de reunión para tratar asuntos políticos y compuesta por tres pisos, lo que la convirtió en el edifico más alto de Shenyang durante varios siglos, mientras que la zona oeste conserva el escenario donde se representaban obras teatrales.
El Mausoleo Zhao, también conocido como "Tumba del Norte", fue levantado en 1643 y guarda los restos del fundador de la dinastía Qing, Huang Taiji, y la emperatriz Boerjitie y en el Fu, también llamado "Tumba del Este", recinto que se despliega por un área de quinientas hectáreas concluido en 1651, reposan los de los emperadores Nurhachi y Yehenala.
Shenyang cuenta a su vez con cuatro pagodas idénticas que se remontan a mediados del siglo XVII y elevándose veintiséis metros señalaban los límites de la urbe, si bien es la del norte, situada en el Templo Falun la que se conserva en mejores condiciones.
Existe también en la ciudad un museo, llamado del "18 de septiembre", un tanto singular, aunque no apto para todas las sensibilidades, sobre las condiciones de vida de la ciudad y sus habitantes durante la ocupación japonesa.
Una visita a Shenyang, que pretende inaugurar su nueva red de tren suburbano en 2009, quedaría incompleta si no se pasea por la zona comercial de la ciudad.
En ella destacan el Mercado Wuai, el más grande del norte de China, y las calles Taiyuan, Sanhao y, sobre todo, Zhong, una bulliciosa vía de un kilómetro y medio de longitud en proyecto de ampliación y reservada exclusivamente a los peatones cuyo espacio está siendo copando por conocidas marcas occidentales y que aglutina más de trescientas tiendas en las que es posible encontrar cualquier artículo.
La actividad nocturna se concentra en la calle Xita, puesto que allí se agrupan un buen número de restaurantes y locales de diversión.
La mejores épocas para visitar la ciudad son primavera y otoño, ya que el frío, en invierno (suele superar los veinte grados bajo cero); y el calor, en verano (rebasa los treinta grados), se apropian de Shenyang, un sittio algo desconocido para el turista y donde no es común encontrarse con extranjeros. Sus habitantes, no obstante, son muy hospitalarios con los visitantes.




Fuente: yahoo.com.ar

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2008-08-7 - Tianjin - Una de las Sedes de las Olimpíadas

A quienes busquen grandes éxitos, les acompañará la buena suerte si inician sus proyectos en la ciudad de Tianjin. Tal es la fama del puerto más importante del norte de China, por ser el punto en el que Zhu Di (también conocido como Yongle) cruzó el río Haihe y se convirtió en el emperador más brillante de la Dinastía Ming. Más de seiscientos años después, es una de las ciudades elegidas como sede de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008.
A la sombra de la capital, Tianjin intenta demostrar que tiene su propia identidad y sus propios proyectos. En la ciudad, una de las cuatro municipalidades de China, que dependen directamente del Gobierno central, y es famosa por su caótico trazado urbano -frente a la cuadriculada Pekín- y su proliferación de bicicletas.
Tianjin, que significa "vado celestial" en referencia al "puerto por el que pasó el emperador", está situada a 120 kilómetros al sur de la capital, en la desembocadura del río Haihe (uno de los más importantes del país) y es un enclave fundamental en el comercio desde hace cientos de años por su estratégica situación en el Golfo de Bohai, en el océano Pacífico, y por la apertura del Gran Canal en el siglo VII.
Una ubicación geográfica que hizo que, durante el siglo XIX y los primeros años del XX, Tianjin pasara de mano en mano entre varias potencias colonizadoras. Italia, Alemania, Francia, Rusia, Gran Bretaña, Estados Unidos, Japón, Austria y Bélgica dejaron en la ciudad sus huellas en los edificios que construyeron a imagen de los europeos hasta convertir a la urbe en la que cuenta con mayor número de concesiones extranjeras en el país, con nueve.
De esa época datan los edificios coloniales más famosos de la municipalidad, como la catedral francesa de Nôtre Dame des Victoire, construida en 1869 y hoy considerada la catedral católica más importante de China. O el puente de la Liberación, también en la concesión francesa. En la elegante concesión italiana permanecen en pie la mayoría de edificios. Pero la mayor es la británica, con más de dos mil casas, un parque que impedía la entrada a "chinos, mascotas y rusos" y el famoso Hotel Astor.
Militares y empresarios extranjeros se codeaban en los salones del Astor con los restos del imperio chino, como el último emperador, Pu Yi, que contaba con una habitación en el hotel tras su exilio de la Ciudad Prohibida y gustaba de bailar tangos con su esposa, Wan Rong, y su concubina favorita. El Astor alojó también al más famoso cantante de ópera china de todos los tiempos, Mei Lanfang, a los presidentes Yuan Shikai, Xu Shichang, Li Yuanhong y Cao Kun, y décadas después al Dalai Lama.
Tianjin fue la ciudad donde se originó en 1900 la Rebelión de los Bóxers contra esta ocupación extranjera, y no fue hasta 1902 cuando el Gobierno Provisional establecido por ocho naciones abandonó la ciudad portuaria.
Una de las sorpresas que esconde Tianjin es la "Casa China", cuya fachada se viste de pedacitos de porcelana antigua y un dragón de piedra la recorre hasta el tejado.
Esta mansión de estilo francés con cien años de historia dio su último paso al caer en las manos de un empresario de Tianjin famoso en la ciudad por sus actos benéficos y su afán coleccionista. Zhang Lianzhi, un afable mecenas siempre dispuesto a posar para una buena foto, decidió convertir los propios muros de la casa en un museo.
Más de cuatro mil millones de trozos de cerámica recopilados a lo largo de los años cubren la fachada de la casa, entre los que emergen platos, vasijas y ánforas de las dinastías Song (960-1127) y Yuan (1206-1368).
Ya en el interior, las paredes de los cinco pisos acogen figuras inspiradas por poemas tradicionales chinos, también hechas de trocitos de porcelana sobre fondo rojo. Y en cada sala, muebles antiguos acompañan a la decoración mural, la estrella de este atípico museo.
Por las calles de Tianjin se pueden encontrar también columnas romanas clásicas y casitas inglesas de ventanales y jardín, en contraste con la construcción de los nuevos rascacielos al estilo pequinés con los que la ciudad también intenta competir con la capital.
Una renovación en la fisonomía de la ciudad que ha obligado a tirar abajo en los últimos años cuatro millones de metros cuadrados de casas antiguas para levantar las torres que ahora presiden el centro de la ciudad.
El alcalde Dai asegura que la mayoría de los habitantes de Tianjin están "contentos" con estas medidas urbanísticas, en una ciudad en la que la tasa de desempleo está por debajo de la media china y la boyante economía da alas a la municipalidad.
Especial satisfacción causa la construcción de la nueva planta de Airbus que se está erigiendo en una de las amplias zonas industriales de Tianjin. La compañía aeronáutica eligió en el 2005 la ciudad para establecer su primera fábrica de ensamblaje final fuera de Europa para los aviones A320 y A321.
Por el momento, tan solo hay un solar en el que trabajan sin descanso cientos de obreros, pero los ojos de Ren Dongsheng, el director del Centro de la Industria Aeronáutica, se iluminan al mostrar los planos de la futura fábrica, de la que saldrá el primer avión en el 2009.
La potente industria de Tianjin, así como el tránsito de mercancías en el puerto, han convertido a la ciudad en un centro económico fundamental del norte de China. Productos químicos, tecnológicos, manufacturas... La carretera que une Tianjin con Pekín está transitada día y noche por camiones cargados de mercancías que llegan a la capital o que parten hacia otros países.
Y mientras el frenético ritmo industrial potencia la economía de Tianjin, sus más de diez millones de habitantes sienten que la vida también va mucho más rápido en los últimos tiempos. Aún así, queda tiempo para charlar, una de las aficiones favoritas de los vecinos de Tianjin. "Nos gusta comunicarnos", asegura sonriente He Wei, el director de Coordinación e Información del Gobierno de la municipalidad.

La vida cultural de Tianjin también ha crecido en estos años hasta convertirse en un punto de referencia para la ópera de Pekín, uno de los estilos más importantes de la ópera china. El pequeño Feng Ming Xuan, de tan solo cinco años, canta desde los dos porque, según sus propias palabras, la ópera china "es un tesoro nacional".
Tianjin también es la ciudad en la que se fundó la primera universidad moderna de China, la que se llamó en 1895 "Escuela de Beiyang" y que hoy es una de las más importantes del país. La educación de alto nivel es una de las apuestas de la ciudad, que cuenta entre sus alumnos célebres con Zhou Enlai, que fuera primer ministro desde 1949 hasta su muerte en 1976, y con el actual, Wen Jiabao, entre otras muchas personalidades que han salido de las aulas de Tianjin.
Parece que así se confirma la leyenda de que la buena suerte acompaña a quien emprende un proyecto en Tianjin.


El puerto de Tianjin (Tianjin Xingang) es uno de los mayores de China. Desde él parten rutas domésticas con destino a Yantai, Dalian y Longkou, e internacionales hacia Inchon (Corea), Honshu (Japón). En temporada alta, barcos de línea con pasajeros llegan a Tianjin desde Japón y Europa.

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